The Barton Ranch
Un recorrido por el Rancho Barton
Súbase a la camioneta con nosotros para dar una vuelta por el “rancho de la familia”, que fue comprado en 1912 por nuestro bisabuelo, P.F. Barton. ¿Está cómodo? ¡Estupendo! Allá vamos…
Lo primero que verá es una pequeña casa cerca de las oficinas del rancho, nada más entrar en la propiedad. Esta era la casa donde vivían el hijo y la nuera de P.F.: Paul y Alice Barton. Aquí criaron a sus dos hijos, Hugh y Jerry, y la casa sigue orgullosamente en pie. Ha albergado al menos a tres generaciones de Bartons a lo largo de su historia y es testigo vivo de las raíces de la familia en esta tierra y de nuestra tradición de granjeros.
A medida que conducimos hasta la cima de la colina, puede ver las plantaciones de árboles que se extienden debajo de nosotros. El rancho está situado sobre uno de los suelos más ricos de California. ¿Qué hace que este suelo sea tan especial? Es suelo de lecho fluvial, depositado a lo largo de miles de años por el río Stanislaus, que fluye a través de la propiedad. Es un suelo idóneo para cultivar nogales: profundo, bien drenado y rico en nutrientes. Si mira hacia el Este, verá estribaciones montañosas: en los días claros, se pueden ver las espectaculares montañas de Sierra Nevada elevándose majestuosamente más allá. Esta es una de las extraordinarias ventajas de trabajar en el rancho.
Por cierto, puede que se haya dado cuenta de que llamamos “Rancho Barton” a nuestro negocio, y no “granja” o “arboleda” o algún otro mote. La mayoría de la gente cree que un “rancho” es un lugar en el que se cría ganado. Pero aquí, en California, “rancho” se refiere a cualquier actividad agrícola, ya se esté criando ganado o cultivando naranjas, olivas, almendras o nueces. Para la familia Barton, “nosotros somos los de las nueces”. Es todo lo que cultivamos, y llevamos casi un siglo dedicados a ello. ¡Ah, y una cosa más acerca de la palabra “rancho”! Aquí, en California, no es necesario contar con una propiedad enorme para que se le aplique el término “rancho”. Hay muchos ranchos de 16 hectáreas por aquí. Lo que todos tenemos en común es que cada granjero ama su tierra y se esfuerza al máximo para administrarla bien. Como suele decir nuestra madre: “Dios no va a crear más tierra, así que más nos vale cuidar la que tenemos”.
A medida que conducimos colina abajo hacia las plantaciones, nos vemos rodeados por el hermoso follaje. A nivel del suelo, de la tierra, hay sombra y la temperatura es muy inferior a la que había en lo alto de la colina, expuestos como estábamos al sol de California. Aquí, mirando los árboles, con la luz del sol que nos llega parcheada a través de las ramas, nos hacemos una idea del tipo de nueces que podemos esperar obtener cuando llegue la cosecha. Observamos para ver el tamaño de las nueces en los árboles, y tratamos de contar el número de “dobles” que vemos. (Nos emocionamos especialmente cuando vemos muchos “triples”, aunque se dan con menos frecuencia.)

Conduzcamos un poco más, camino abajo, hasta un singular árbol, muy especial. Es el único de su clase que hay en todo el rancho. El “árbol abuelo” fue plantado en 1913 por P.F. Barton como parte de su plantación original de nogales en el rancho. Es el único superviviente de esa plantación original, y es uno de los nogales más grandes de Estados Unidos. Sigue sano, vivo, y aún es productivo después de todos estos años. Y, como puede imaginar, recibe mucho cariño y cuidados, además de atención personal por parte de los miembros de nuestra familia. Constituye, como la pequeña casa de la entrada al rancho, un recordatorio constante de nuestros comienzos, de todo el trabajo duro llevado a cabo por las generaciones de la familia Barton y por muchos maravillosos y fieles empleados que se han esforzado por hacer de este rancho el lugar tan especial que es.
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